Florencia Martin Salinero comenzó la churrería en Oropesa del Mar, sola, después de haber criado a 10 hijos y de haber perdido a su esposo demasiado pronto; dejando tras de sí a una mujer valiente y a todos sus hijos. Flora demostró ser una mujer increíblemente fuerte, un faro de fortaleza para toda su familia.
Los churros y porras, que inicialmente eran solo una deliciosa tradición familiar, se convirtieron en el pilar de su vida. A pesar de las adversidades, Flora construyó un negocio próspero con amor y dedicación. Cada churro y porra se convirtieron en testigos silenciosos de su historia, llevando consigo el legado de una mujer extraordinaria.
El año 1979 marcó un capítulo doloroso y, al mismo tiempo, significativo en su vida. Fue el año en que perdió a su hija Martha Villa el 9 de agosto y, apenas una semana después, a su esposo el 17 de agosto. También fue el año en que, con valentía, abrió las puertas de su churrería, convirtiendo el dolor en una nueva oportunidad.
A pesar de estos desafíos abrumadores, Flora continuó con valentía, y su hija Helena Villa Martin, profundamente unida a su madre, tomó la decisión de continuar la churrería y cafetería en memoria de su querida madre. Con amor y compromiso, Helena lleva adelante el legado de Flora, preservando la tradición familiar y compartiendo la pasión por los churros y porras con la comunidad. Cada deliciosa porción sirve como un homenaje a la fortaleza, el amor y la dedicación que Flora aportó a su negocio y familia.

